martes, 2 de diciembre de 2014

De cuando estuve delante de Ridley Scott...



 Ridley Scott 

 Josh Hartnett

Un día, hace ya mucho tiempo, mis hijas y yo nos fuimos al cine. No recuerdo la película que vimos pero, como siempre, nos lo pasamos bien. Al salir, nos entretuvimos paseando por el complejo de ocio donde está ubicado el cine y, mientras curioseábamos entre los puestecillos de velas e inciensos, pulseras, carteras de piel, pendientes, collares y demás tentaciones, conversábamos entre nosotras. Entre muchos comentarios sin importancia, mi hija mayor me dijo que a una amiga suya y compañera de carrera, le gustaba mucho escribir y que sus relatos eran muy intensos y muy buenos. Yo le dije que si su amiga quería, podía venirse al taller de literatura al que yo iba. La llamó, hablaron y al final quedó con ella para presentármela. 
El lugar de encuentro, en el vestíbulo del cine así que, volvimos para esperarla y al entrar, nos dimos cuenta de que había mucha gente, más de la que suele haber cuando se desalojan las salas al acabar las proyecciones. Pasó un rato y de repente vimos que unas cuantas personas empezaron a extender unas largas alfombras rojas y colocaban un atril de metacrilato justo en el punto donde convergían todas ellas. Cada minuto que pasaba, nos llenaba de más intriga y curiosidad. La amiga de mi hija llegó cuando ya se había llenado el vestíbulo totalmente y allí nos quedamos todas juntas, a la expectativa, sin saber lo que iba a pasar. Mi hija nos presentó y entre todas mantuvimos una agradable conversación llena de risas.
Después de un buen rato y de tanto suspense trufado en la charla, alguien puso unos cartelones grandes junto al atril y, al fin, supimos de qué iba todo aquello: Black Hawk Down. Era la presentación de la película y aquél chico americano que le gustaba tanto a mi hija, estaba allí: Josh Hartnett, en persona, sonriendo tímidamente y, por supuesto, ella se fue de inmediato y muy emocionada a ver si conseguía acercarse al actor... nosotras nos quedamos allí, de pie, cada una fijándose en lo que le llamaba la atención y yo, concretamente, intentando averiguar quién era aquél hombre ya mayorcito, vestido de negro y con los pelos alborotados... cuando la presentadora del evento (muy famosa por aquellos días, pero no recuerdo su nombre), dijo quien era, me quedé estupefacta: el director de Alien estaba allí. No podía creerlo pero, Ridley Scott, estaba delante de mis ojos... ¡El director de Alien, el octavo pasajero! ¡Increíble! Mi hija volvió sin poder conseguir su objetivo y nos encontró tan impactadas como ella misma. Y allí estuvimos, hasta que se fueron y todo quedó desierto, sin carteles, sin alfombras, como si nada hubiera pasado. Pero los recuerdos siguen ahí, a pesar de los años transcurridos.
Ah, por cierto, la amiga de mi hijas sí vino al taller de literatura...


Queralt Berga.

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Sobre las autorías:

La mayoría de las fotos que ilustran este blog las he recogido en la red y son anónimas pero, si alguien se siente vulnerado en la autoría de alguna de ellas, no tiene más que decirlo y serán suprimidas o, se hará constar el nombre de su autor.